Las familias más ricas del país empezaron a moverse para no quedarse afuera de la nueva ola de privatizaciones, que se mantiene firme en el proyecto ómnibus pese a los cambios de última hora. El botín incluye la participación en empresas clave, del banco Macro a Ternium y el grupo Clarín, que le permite al Estado sentarse en sus directorios a discutir algunas decisiones.